Además de utilizar el mismo sistema numérico vigesimal
Un estudio reciente realizado por el investigador Eduardo Orduña Aznar de la Universidad de Barcelona, aporta nuevos datos sobre uno de los enigmas más persistentes de la historia lingüística de la Península Ibérica: la posible relación entre la antigua lengua ibérica, aún no descifrada, y el euskera moderno.
El trabajo, basándose en análisis internos y contextuales de inscripciones, propone que este vínculo, ya sugerido por los numerales, se extiende a un campo fundamental del vocabulario: los nombres de parentesco y otras denominaciones personales.
Desde el siglo XVI, autores como Ambrosio de Morales o Esteban de Garibay especularon sobre ello. En el siglo XIX, el prestigioso lingüista Wilhelm von Humboldt defendió, tras estudiar la toponimia, que los pueblos ibéricos y los que hablan vasco son expresiones equivalentes.
Esta corriente, conocida como vasco-iberismo, cayó en descrédito en el siglo XX cuando, una vez descifrado el alfabeto ibérico, secomprobó que el euskera no servía para entender directamente los textos.
Sin embargo, el meticuloso estudio interno de las inscripciones ibéricas –analizando sus patrones, sufijos y contextos– ha permitido resucitar un vasco-iberismo moderado.
Sistema de números idéntico
Investigaciones iniciadas por Orduña en 2005 y ampliadas por Joan Ferrer i Jané han demostrado que los iberos utilizaban un sistema de conteo al vasco, basado en el vigesimal (de 20 en 20).
Palabras iberas como ban (uno), bi (dos), laur (cuatro), borste (cinco), abaf (diez) y orkei (veinte) son casi idénticas a sus equivalentes vascos: bat, bi, lau, bost, hamar y hogei.
Incluso estas palabras se combinan en el orden esperado (p.ej., orkeiborste para 25, como hogei ta bost en vasco) y aparecen en contextos inequívocos, como pesos y medidas.
Este hallazgo es crucial porque, las coincidencias fonéticas se dan entre sonidos casi siempre idénticos y la distribución de sonidos raros (como ciertas sibilantes y vibrantes) es muy significativa. Para muchos, este paralelismo de léxico básico y estable como los números solo se explica por un parentesco genético, es decir, un origen común remoto.
Nombres de parentesco
El nuevo trabajo de Orduña va un paso más allá. Plantea una relación genética, y se centra en los nombres de parentesco (como ‘padre’, ‘hermano’, ‘hijo’
Así, analiza secuencias como aurunibeikeai : astebeikeaie, encontrada en un plomo de Castellón. Elementos como aur, uni(n), aste y be(i) se repiten y combinan en diferentes inscripciones (de Santa Perpetua, Can Gambús o Orlell) de formas que no son habituales en la onomástica personal ibérica. Así encuentra paralelos sorprendentes entre
- ata- podría relacionarse con el vasco aita (padre).
- sani- con el vasco sehi (mozo, criado) o seme (hijo).
- uni(n)- con el vasco unide (nodriza).
- kidei- con el sufijo vasco -(k)ide (compañero, co-), como en ahaide (pariente).
- be- con un sufijo aquitano (la lengua antigua hermana del vasco) presente en Sembe (hijo) y Ombe (niño).
- ko y -so con sufijos vascos de derivación (p.ej., izeko ‘tía’, aitaso ‘abuelo’).
Morfología y nuevos hallazgos epigráficos
El estudio también repasa coincidencias en la gramática, como el uso del sufijo -en para el genitivo (posesivo), similar al vasco, o de -te como posible marca de caso ergativo (sujeto de una acción), otra característica clave del euskera. En el ámbito verbal, formas ibéricas como egiar o ekiar (posiblemente ‘hizo’) se comparan con el vasco egin (hacer), y se analizan estructuras que recuerdan a participios vascos.
Además, el reciente descubrimiento de la mano de bronce de Irulegi (Navarra), con una inscripción claramente vascónica (antepasado del euskera) pero escrita en signario ibérico adaptado, ha dado un nuevo impulso a la teoría.
En definitiva, esta investigación avanza en la idea de que los antiguos iberos y los antepasados de los vascos pudieron compartir, en un pasado remoto, una lengua común o estar estrechamente relacionados.
Fuentes: National Geographic, Imagine Comunicación
